LEONCIO BUENO - POEMAS MEMORABLES
PERÚ ESTA ES TU HORA
Perú, esta es tu hora,/ ¡que despierten tus cóndores guerreros!/ ¡que despierten tus bravos labradores!
Los Andes tiemblan, los picachos lloran,/la cordillera brama ardiendo en pumas.
Perú, esta es tu hora./ Tus praderas se pueblan de hondas y águilas,/ los ríos hierven de pirañas rojas,/ ¡que despierten tus cóndores guerreros!/ ¡que despierten los bravos labradores!
Perú, esta es tu hora,/ la hora de crear, de forjar en patria viva/ tu nueva hoz, la hoz de la victoria.
Esta es la hora del Perú, hermano:/ ¡fájate firme!/ ¡que despierten los cóndores guerreros!/ ¡que despierten los bravos labradores!
Los cascos verdes empapan en sangre/ la campiña, la fábrica, la escuela,/ estudiantes imberbes empuñan los fusiles,/ poetas, gritan su canto asesinados;/ ¡que despierten tus cóndores guerreros!/ ¡que despierten los bravos labradores!
Atrás toda vana ilusión, toda estulta esperanza./ Es la hora del Perú, van a marchar los montes.¡
Silencio!/ aquí viene La Palabra en la boca del fusil.
Esta es la hora del Perú, ya suena/ el primer estampido en la montaña.
Perú, esta es tu hora./ ¡Que despierten tus cóndores guerreros!/ ¡Que revienten los huaicos temerosos!/ ¡Que se desplome el cielo y un incendio/ total, inexorable/ el miedo nos triture hasta la médula/ y que la tierra toda se levante/ para aplastar el odio dilatado!
Y nazca un nuevo sol, el sol del pueblo/con roscas y manzanas para todos,/ con tractores y libros para todos.
TECHO PROPIO
Mi techo es pequeño hecho de esteras y otros/ deshechos inflamables,/ puede caerme encima/ sin hacerme daño,/ dejar pasar bichos y la lluvia;
pero estos sucesos no ocurren diariamente,/ es más probable que vea pasar la luz/ y los colores del Centauro;
no me importan las chirimachas/ ni los orines de los gatos,/ al contrario,/ me hacen pensar que soy dueño/ de un techo endiabladamente importante.
UN HOMBRE TRISTE
Un hombre triste/ tuvo una vez un sueño:/ quiso ser poeta,/ pero siguió siendo en la sombra/un hombre triste.
Una vez más soñó apasionadamente./ Se enroló en la epopeya luctuosa:/ quiso ser un bravo,/ vivir épicamente/ su última muerte,/ pero en el fondo/ siguió siendo sin paz/un hombre triste.
Ya sin remedio,/agotada hasta el fin/ la última aventura,/ convencióse/ que no era mala cosa ser/ hasta la médula/ un hombre triste.
AGONÍA DE UN LABRADOR (extracto)
Yo le vi como un árbol abatido/ennegrecido y duro como un riel en su lecho./ Pensativo, sombrío/ aguardaba la muerte/ espantado a las moscas.
¡Pobre viejo arador de la tierra,/ que marido tan dulce perdían/ la yunta y la chicha!
Cuando aún con sus pasos/ clarinaban espuelas/ y al oírlas temblaban/ los chalanes impávidos/ y las mulas más fieras,/ él me enseñó sonriendo/ aquel duro manejo/ de los fríos relámpagos negros.
Cuando el campo doraba/ sus espaldas de fuego/ y saltaban sus huesos/ como chispas al cielo,/ por ochenta centavos/ ¡todo un día surcaba la tierra!
Viejo arador turbulento,/ siempre amé tu lozano sembrío de “ajos”,/ tus agrias maldiciones/ y tu amor por el asno taciturno.
Ahora adoro tu temple derribado/ y ese gesto, tan tuyo, de insolencia bravía/ con que siempre enfrentaste la vida/ y hoy enfrentas la muerte.
"Confidencias en el Tiempo" - JARH
Comentarios
Publicar un comentario